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LA APARICIÓN DE OCTAVIO
PAZ EN LA CULTURA MEXICANA ha sido un milagro que la subió
de nivel en una sola vida, como esos árboles que de
pronto empiezan a echar ramas y a crecer más allá
de lo esperado, hasta cambiar el paisaje mismo, del cual se
vuelven símbolos.
No es la primera vez que sucede. Ni Nezahualcóyotl
ni Sor Juana fueron extraños en la cultura náhuatl
o novohispana, sino, por el contrario, expresión intensa
de su desarrollo. Tan intensa que lo rebasaba, y parecía
llevarlo peligrosamente no se sabe a dónde. Tan intensa
que algunos se inquietaban, y llegaban a resentir el milagro,
y a tratarlos como cuerpos extraños, cuando todo lo
que pasaba es que hacían avanzar la cultura hasta una
marca demasiado alta, difícil de igualar.
Octavio Paz tenía confianza en que lo mejor de todas
las culturas está vivo y puede seguir produciendo milagros.
Mostró que era posible pasar de un nacionalismo puramente
defensivo a un desarrollo de las propias raíces en
la cultura universal. El mundo lo recordará como un
poeta innovador, de gran fuerza visual y reflexiva; como un
explorador del alma y las raíces mexicanas; como un
crítico íntegro y penetrante; como un ensayista
de curiosidad universal. |
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